Pintores e intelectuales de la Úpoca Pintores e intelectuales de la Úpoca (Reverso) Pintores e intelectuales de la Úpoca (Calca de reverso)

 

FICHA CATALOGRÁFICA
 

118. Pintores e intelectuales de la época.
Fotografía en blanco y negro.
5 1/2 x 3 1/8"
[Al reverso ms. a lápiz, siluetas con los siguientes nombres de izq. a der.: Diego Rivera, García Núñez, Argüelles Bringas, Goytia, Fabrés, Montenegro, Ponce de León. Ext. inf: "Fabrés y sus discípulos". Anexo a la fotografía papel cebolla con siluetas y nombres de izq. a der. ms. a lápiz: "Argüelles Bringas, Montenegro, Coria, López (lo pintó Germán), Saturnino Herrán, García Núñez, Diego Rivera, Antonio Garduño, Fabrés, Goytia, Rafael Ponce de León", dentro de las siluetas con tinta roja.]
 
 

NOTA
 

Algunas breves anotaciones de José Juan Tablada en su Diario causan la impresión de que el poeta mantuvo una relación amistosa y no sólo de admiración con el pintor español Antonio Fabrés (1854-1916), quien fue director de la Academia de San Carlos de 1903 a 1906:

Sunday 28 [agosto de 1904].- In the morning outdoor exercise footing, not brisk. Dinner with A[ntonio] F[abrés], my old chap... [Tablada practicaba su inglés escribiendo en su diario].

Viernes 9 [diciembre de 1904].- Fui en la tarde con Lily y con Emma al estudio de Fabrés [...].

Jueves 12 [enero de 1905].- Fui por primera vez a dibujar del modelo vivo a la clase del profesor Antonio Fabrés. Montenegro y Ponce de León almorzaron en casa. H. C. se invitó y vino también.

Viernes 13 [enero de 1905].- Dibujé de 5 a 7 p.m. en la clase de Fabrés.

Sábado 14 [enero de 1905].- De 5 a 7 dibujando con Fabrés. Concluí mi primera academia [Obras IV, pp. 40, 41, 52].

La llegada de Fabrés a México marcó el fin de una época, el fin de la academia en la pintura y el paso al impresionismo y el sintetismo. La pintura "objetiva" y naturalista, entonces, pasó a ser subjetiva y "realista". El pintor inició la formación de una de las generaciones más prolíficas de nuestra historia, aquella que dio más renombre y presencia internacional al arte mexicano: Roberto Montenegro, Saturnino Herrán, Ramón López, Benjamín Coria, Armando García Núñez, Diego Rivera y José Clemente Orozco formaron parte de ella. Para Tablada, la importancia de Fabrés en la Academia de San Carlos se debía al hecho de que fomentaba la disciplina en el trabajo pictórico y a que sus métodos de enseñanza buscaban la perfección en el dibujo, como él mismo comenta en la siguiente crónica de 1904.
 
El "Salón" de alumnos en Bellas Artes

Una amable sorpresa, una honda satisfacción, son los sentimientos que mueven a todo el que visita la exposición de dibujos y pintura de los alumnos de Fabrés, en la Academia de Bellas Artes. El que allí ocurre en busca de una noble emoción estética no sale defraudado, y largamente se desaltera contemplando las vastas series de dibujos llenos de interés, reveladores de fecundos esfuerzos, testimonios de la seguridad y la firmeza con que las vocaciones y los talentos van conducidos a un supremo fin. Se tiene el convencimiento de que el resultado matemático, infalible, de los sabios métodos implantados por Fabrés, será la amplia y franca producción del Arte pictórico nacional. Así en pasados y abominables días, el resultado infalible, matemático, de los odiosos métodos seguidos por el viejo profesorado de la Academia, fue la desorganización de todo talento, el fracaso de toda vocación. Aquellos señores atrofiaban y deformaban el cerebro de sus alumnos, como los chinos atrofian los pies de sus mujeres, con toda especie de férreas y opresoras fórmulas, con toda una farmacia de emenagogos y abortivos. Enrarecían el aire privándolo sutilmente de oxígeno, tamizaban la gloria del Sol a través de sus gafas obscuras, acallaban en torno todos los ruidos de la vida; como el holgazán Estilita, pasaban años enteros en medio del desierto, parados en un pie, y como los fakires hindúes, se dejaban crecer uñas, cabellos y barbas, conociendo los más sutiles meandros de la pereza; pero sobre todo, desconociendo el Arte. De uno de esos pontífices máximos de la esterilidad y el caos, corre por allí una verdadera receta de cocina, irrisoria y monstruosa, "para pintar la carne", una veladura de bermellón, otra de amarillo, otra de...
    La boca de la fosa de Boecklin, se abre en aristofanesca carcajada, y en el cielo del Arte palidece de espanto tu arco iris, ¡oh, Veronés!
    Como los autos de fe y los in paces del Santo Oficio, esas prácticas se han hundido en el pasado. Los recientes esfuerzos del gobierno, las gestiones del ministerio del ramo, las sabias disposiciones del subsecretario de Instrucción Pública, cabalmente idóneo y entusiasta para conducir a nuestra juventud a todo ideal de Belleza, han operado esa transformación del marasmo en vida, y la prueba de esa robusta vitalidad es el "Salón" en que hoy se exponen al público las obras de los discípulos del profesor Fabrés.
    El Maestro se creyó en el deber de dar una prueba gráfica de las enseñanzas con que nutría a sus alumnos, y en un pequeño salón expone los numerosos dibujos ejecutados durante las clases.
    Fabrés, en ellos está a la altura de su notoria fama, y afirma su autoridad de maestro, atacando los asuntos más variados, y resolviéndolos soberbiamente.
    Ha hecho gala de una pasmosa diversidad de procedimientos, para destruir en el ánimo de sus discípulos, toda veleidad de rutina y de amaneramiento, y los ha convencido enérgicamente de que hay que ver la vida, interpretarla francamente y desviar de ella toda sabiduría: Artis Magistra Natura.
    Si todos los alumnos hacen honor a las enseñanzas y métodos del profesor, revelando un admirable adelanto, hay algunos, que más empeñosos, o mejor dotados, figuran en primera línea. De éstos nos ocuparemos preferentemente.
    Muy por encima de los talentos comunes, descuella el talento de Antonio Gómez; sus dibujos son el mejor ornato de la exposición. Increíble parece que aquellos apuntes verbosos, francos, llenos de soltura y valentía, sean de un alumno relativamente novicio. No sólo demuestra Gómez su excelencia en las primeras intenciones y los totales rápidos; sus retratos tienen un personal y raro sentimiento del natural, y sus obras de estudio y de valorización de detalle, son notables. Así las "naturalezas muertas", bellísimas, y un estudio de nueces, en que están consideradas hasta las más pequeñas rugosidades del fruto. Emprende Gómez, con segura valentía, y acaba con admirable conciencia. Aunque no ha presentado obras de pintura, este alumno manifiesta por sus simples dibujos, que será un pintor y un colorista.
    A Diego Rivera le corresponde el lugar inmediato; sus dibujos son excelentes, sus óleos jugosos, algo bruscos de color, pero tratados con valiente y bella técnica. Es uno de los alumnos cuyas obras honran la exhibición.
    Roberto Montenegro, cuyo lote de dibujos es escaso, cautiva con las pinturas que expone. Los pasteles, La tarde y el retrato, son notables: aquél, por su sentimiento poético, su originalidad, su color raro y atrevido; el último, por su valentía y la airosa manera con que está ejecutado. El mismo alumno expone acuarelas algo pesadas, bellos óleos y composiciones alegóricas. Montenegro tiene una personalidad artística enteramente propia. Es muy elegante, siente poéticamente, y su fantasía es exquisita. Todas estas cualidades tiene que depurarlas y robustecerlas con un estudio obstinado. Su ideal debe ser conquistar dos cualidades que le faltan: la verdad, la fuerza. Poseyendo estas virtudes, Montenegro será una gloria para el Arte.
    Francisco de la Torre expone totales y dibujos concluidos, bellos y dignos de mención. Su retrato de mujer joven es bellísimo, envuelto en una atmósfera de misterio, lleno de vaguedad y de poesía: entre sus óleos son muy notables los Cernidores y las Casas con lluvia.
    Alberto Garduño exhibe en su lote de dibujos, apuntes, totales y desnudos interesantísimos. Sus óleos revelan grandes cualidades de pintor, y entre ellos recordamos Los trabajadores y unas lavanderas empapadas en claridades de verdadero Sol.
    Hermano del anterior es Antonio Garduño, cuyo talento es también digno de encomio y especial mención. Expone bellos dibujos y pinturas, que revelan a un colorista, entre éstas un patio. Entendemos que este alumno tiene aún mucho que dar de sí.
    Saturnino Herrán es una gran esperanza, sus adelantos son rápidos y admirables; honran a su maestro y a sus propias facultades. Es muy joven y tiene un vasto porvenir.
    Después de estos alumnos, es de justicia mencionar a Coria, Escontria, Peón del Valle, etc., etc., que manifiestan ciertas cualidades muy susceptibles de desarrollo, y de cuyas obras esperamos hablar más largamente alguna vez.

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A todo visitante a la actual exposición se le manifestará la gran obra que el gobierno, secundado admirablemente por el profesor Fabrés, ha consumado en pro de la reorganización de la Academia de Bellas Artes. Todo un porvenir se abre ante las nobles ansias de la juventud, ávida de progreso y de saber. Están echados los cimientos para el Capitolio de la Belleza en nuestra Patria, y ya surgirán las esbeltas arcadas, los blancos frontones y los rotundos dombos junto al azul del cielo, y en la gloria del Sol! [Revista Moderna de México, diciembre de 1904, en Obras VI, pp. 127-130].

José Juan Tablada escribió alrededor de doce crónicas, que van de 1891 a 1908, dedicadas específicamente a la Academia de San Carlos, en las cuales hace un recuento de lo que ahí ocurría con el arte mexicano, antes y después de la llegada de Antonio Fabrés.
 
 

MLHV